El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger

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La grandeza de El guardián entre el centeno (1951) reside, sobre todo, en el desconcertante impacto que produjo en la sociedad norteamericana, del siglo XX, la salida a las librerías de este pequeño y a la vez gran atlas de la psicología adolescente, impacto cuyo eco sigue resonando en nuestros días.

Tanto es así, que la novela escrita por J.D. Salinger no sólo es lectura obligada y novela de culto para generaciones de jóvenes y otros que no lo son tanto, sino que además, El guardián entre el centeno, lleva siendo objeto de estudio en los colegios e institutos estadounidenses desde hace ya mucho años. ¿Qué tiene el libro de Salinger que después de 60 años de su existencia siga deslumbrando y maravillando a sus lectores? En la reseña de hoy queremos descubrirlo.

Uno de los rasgos llamativos de El guardián entre el centeno es que, lejos de limitarse a profundizar en los conflictos propios de la América conservadora y tradicionalista de los años 50, los problemas que abruman a su protagonista siguen teniendo una vigencia hoy día, ya que nos muestra una verdad duradera: la sociedad tiende al cambio, pero el individuo sigue siendo el mismo.

“Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso.”

Fragmento de El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

El joven Holden Caulfield es el prototipo perfecto de adolescente, no incomprendido, sino que no comprende a los demás. Es un adolescente de diecisiete años, perteneciente a una familia acomodada, que acaba de ser expulsado del colegio por enésima vez.

Por su aspecto físico pudiera aparentar más años de los que en realidad posee, lo cierto es que su comportamiento y su manera de ser ponen de manifiesto su inmadurez. La relación con sus padres tampoco es muy buena, y ante la posibilidad de que lo envíen a una academia de corte militar cuando sus progenitores se enteren de su enésima expulsión, Holden decide escaparse de su colegio, donde pasa sus últimos días de vacaciones, y emprende un viaje a Nueva York que lo llevará a explorar algunos de los aspectos más íntimos de su persona.

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Fotografía de J. D. Salinger

Es a través de los divagues, impresiones y pensamientos acerca del mundo y de sus habitantes en el que podemos ver que Holden está lleno de hipocresía, narcisismo y falsedad. Estos conceptos se repiten a lo largo de toda la obra. La falsedad de la que Caulfield habla en toda la historia poco tiene que ver con la definición que nosotros tenemos sobre dicho término; se trata, más bien, de una referencia a toda actitud y/o comportamiento que esté mínimamente regido por normas o convenciones sociales, es decir, acuerdos que el joven protagonista no entiende y que rechaza a la mayor brevedad posible.

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Ilustración sobre el posible aspecto de Holden Caulfield.

En esta obra también podemos ver el interés por explorar la sexualidad de Holden. El chico se desenvuelve de forma torpe e ineficaz en el terreno amoroso, un campo en el que, a pesar de sus impulsos propios de la edad, no parece estar demasiado cómodo ni tener las ideas claras. En su camino, Holden Caulfield, se cruzará con varias personas, algunos desconocidos para él y otras con viejos conocidos, que le aportarán distintos puntos de vista sobre el complejo mundo de los adultos.
Los personajes de  El guardián entre el centeno intentan aconsejar con cierta intención moralizante, pero vemos que al protagonista estos consejos no le dicen nada. Por lo tanto, a diferencia de otras obras de cierta similitud, no hay una evolución del protagonista, quien al final de la novela padece los mismos problemas y las mismas crisis existencialistas. Aun así, no hay que pensar que Holden Caulfield es un adolescente vacío y sin ideas; todo lo contrario, Holden es un muchacho crítico, contradictorio, mentiroso, apasionado, impulsivo, solitario y melancólico. Éste muestra un manifiesto desprecio hacia el mismo y hacia el sistema rígido y, en ocasiones, absurdo.

Descubrir el porqué del título del libro, inspirado en un poema del escocés Robert Burns (1759 – 1796), que guarda relación con algunos de los temas expuestos en el libro de Salinger, ha sido todo un acontecimiento, ya que es una de las cosas que más me ha gustado del libro. Su simbolismo relacionado con el paso del tiempo, el miedo a crecer, la incertidumbre del futuro y el particular estilo de J. D. Salinger hacen que El guardián entre el centeno sea una obra deliciosa, cargada de aprendizaje y una suerte de manual donde cada capítulo encierra lecciones de vida. Una historia para reflexionar durante horas.

© Jean Pierre Quiroz Rivera, 2017.

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Autor: JeanPierreQuirozRivera

Aficionado a la lectura, el cine y la música. He publicado dos libros Antiqua (NOA ediciones, 2013) y Tanto que contar (Editorial Seleer, 2016).

4 comentarios en “El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger”

  1. Mi libro favorito. Recuerdo que me lo mandaron a leer cuando estaba en 4º de eso (también nos mandaron leer ‘evasión en la granja’, éramos muy americamos). Me dio curiosidad por lo que tú comentas, que era famoso. Recuerdo que me encantó y me sentí totalmente identificada con Holden. La segunda vez que lo leí fue al verano siguiente y me gustó más aún. Cada año suelo releerlo y gana con los años, es un libro que recomendaría a todo el mundo, creo que hace una gran crítica a muchas cosas, y que como comentas, es casi imposible no sentirse identificado con Holden. Me gusta mucho tal como habla, y la verdad es que para ser de los 50 también me resulta “chocante”. Años más tarde me enteré de que era el libro de cabecera de varios asesinos en serie famosos… XD.

    Me alegro de que te haya gustado ^^.

  2. Me has dejado con ganas de releerlo. Hace ya doce años que este libro pasó por mis manos. Recuerdo que fue una gran lectura, recomendada por un profesor de mi instituto. Ahora que he recordado algunas cosas con tu reseña, creo que acabaré volviendo a sus páginas, sobre todo porque ahora podré hacer la lectura desde otra perspectiva. ¡Saludos!

  3. Yo soy uno de esos a los que no le ha gustado la novela. El protagonista me pareció un niñato insufrible (tal y como quería describirlo el autor, claro está) con el que me fué totalmente imposible empatizar (¿un niño rico mimado de la élite de américa con problemas mentales y que vive en un mundo paralelo en su cabeza? Se me hace bien difícil empatizar con eso) y sus andanzas no me parecieron interesantes.

    Sí que en su momento, principios de los sesenta, sería una novela rompedora por su lenguaje y los temas que trataba, pero a día de hoy se ha quedado desfasada totalmente (una novela que ha envejecido mal en ese aspecto), por lo que no me pareció algo interesante tampoco.

    Y quitadas las dos fórmulas por las que la novela es famosa, pues me aburrió mucho el leerla; al menos era corta.

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