Ariadna abandonada

ariadne_in_naxosOvidio en su libro Heroidas hace escribir a 21 personajes de la mitología clásica (principalmente mujeres: sólo tres son escritas por hombres) sendas cartas que van dirigidas a sus amantes. Es en la lectura de estas cartas de amor o, mejor dicho, de desamor donde descubro la triste historia de Ariadna.

La pobre Ariadna ha sido abandonada en la isla de Naxos. Teseo se había valido del amor de la joven princesa para vencer al Minotauro. Ahora, en el puerto, las naves de Teseo se disponen a zarpar de regreso a Atenas, la princesa los observa desde la lejanía, las piernas doblegadas. Está cansada, y emocionalmente, está herida.

En ese preciso instante aparece Dioniso y su séquito habitual de sátiros y ménades. Las panteras que tiran de su carro se han detenido ante la princesa que se vuelve hacia el dios. La luz resalta ambas figuras, cuyas miradas se cruzan. Esa mirada rompe el pasado de Ariadna y prevé su futuro, como compañera del dios en el Olimpo. Así lo atestigua también la corona de estrellas que brilla en el cielo, que representa el regalo de bodas que Dioniso le hizo a Ariadna (una diadema de oro, posteriormente convertida en la constelación Corona Borealis).

El lienzo de Tiziano conjuga los tres tiempos de la acción dramática: el pasado (representado por los navíos en el puerto), el presente (la escena principal en el que Dioniso se abalanza sobre Ariadna), y el futuro (la constelación que brilla en el cielo que prevé las nupcias entre el dios y la princesa). Una obra maestra, de grandioso colorido, con gusto por el detalle, de hermosa factura.

Bacco e Arianna (Tiziano, ca. 1520-1523)
Baco y Ariadna, de Tiziano, hacia 1520.

 

John William Waterhouse (1849-1917) también recreó el mito. Ariadna está dormida plácidamente. La nave de Teseo zarpa del puerto de Naxos, y abandona en la isla a la princesa cretense. La presencia de Dioniso sólo está sugerida por la presencia de las panteras, que custodian su sueño.

Ariadne (John Williams Waterhouse, 1898)
Ariadna, de Waterhouse, hacia 1898.

Esta obra, de singular belleza y encuadre, se centra en Ariadna. Omite la presencia del dios y no vaticina su futuro en la bóveda celeste. Todo es presente, y a la vez irreal.

 

© Jean Pierre Quiroz Rivera, 2017.

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Autor: JeanPierreQuirozRivera

Aficionado a la lectura, el cine y la música. He publicado dos libros Antiqua (NOA ediciones, 2013) y Tanto que contar (Editorial Seleer, 2016).

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